Durante el siglo XIX, se le dio a la historia un sentido causal, basados en el positivismo y la ciencia empírica, que consideraba a la narrativa histórica como retorica discursiva, solamente útil para adornar contenidos. Sin embargo se le apoyó en la hermenéutica y la filosofía analítica, que integra el conocimiento vivido en una trama narrada en el tiempo que se lee la obra. Con la hermenéutica interpretativa el acontecimiento se narra en un lenguaje que participa en la abstracción del significado, hay una confluencia de lo que ha sucedido y la narración de lo que sucede, usando recursos de la inferencia o elipsis para llenar lagunas de información.
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